jueves, 9 de junio de 2022

Peligro de extinción (Cap. 12 - "El gran lujo")

Los instintos de la musa no duermen. Nunca durmieron. Siempre estuvieron intactos. Intactos instintos que insisten. Inquietos. Igual que los de su inspirado. Así que instintivamente —no podía ser de otra manera— hacen el amor como la primera vez.

Siempre es como si fuera la primera. A veces se preguntan si acaso la primera no habrá sido ésa, en esa casa de campo. Pero saben que fueron tantas vidas las que los encontraron, que intuyen lo difícil que será llegar al génesis del gran milagro que juntos (presienten que) son. Y aun así, siguen queriendo saberlo todo. Averiguando. Entrado y saliendo del gran enigma que también (sienten que) son. Enigma... Milagro... Y algo, y mucho más, que hacen que esas vidas no perecederas estén cada vez más afianzadas.


Lo que todavía no saben es que mueren juntos en cada vida...


A veces porque así les toca. Otras, porque sacrifican su vida con la partida del otro. Pero también nacen al mismo tiempo. Y, de inmediato, comienzan a buscarse por otro instinto que tampoco descansa: el de la supervivencia.

Ellos llegan al mundo dependiendo del otro para existir. Eso, naturalmente, es así. Son seres especiales que necesitan del otro ser para vivir y para morir. Porque juntos tienen una misión designada por la raza de la inspiración a la cual pertenecen.

Esa raza los ha elegido para expandirse a través de las generaciones. Los ha enviado a un mundo de humanos que los registra como tales, e incluso los hace sentirse así. Pero aunque sean casi iguales... ellos son diferentes.

 

Porque ellos son otra cosa:

Ellos son arte.


En algunas vidas les fue más fácil encontrarse, y afianzarse en una unidad que los representara como ese arte puro que, siempre, fueron. Y en otras —sobre todo en ésta— les costó más.

Seguramente les cueste porque sobrevivir también es un arte...

Y porque, si en los aires que los rodean predominan auras tristes o débiles, los matices de toda existencia —humana o artística— se opacan. Se achatan. Hasta apagarse por completo.


En una sola vida algo falló. Y es en esta. 

Demasiados encuentros y desencuentros. Se aman, se besan, se prometen, se esperan, se ausentan. Hasta que desaparecen.

Ya les pasó. Ya saben lo que sienten estando lejos. Pero, sobre todo, saben lo que sienten estando cerca. Y no entienden por qué hay algo que los separa tanto como los une. Algo que no les permite despejar todas las intrigas y reunirse definitivamente. Algo que deben superar a tiempo.

De lo contrario, se apagarán para siempre. Y con ellos, todas las obras de arte. De un modo ligero y repentino. Y absurdo.


Después de hacer el amor se abrazan y quedan en posición fetal, y el calor que siguen dándose parece infinito.

El calor que necesitan para que no se congele la raza a la que pertenecen... y toda su creación.


domingo, 1 de mayo de 2022

La bomba (Cap. 1 - "¿Y nosotros, qué?")

 —Me voy a vivir a Chile —me dijo.

Así de una y en seco.


Recién habíamos cogido. Todavía estábamos en la cama. Nuestras piernas entrelazadas entre nuestros cuerpos, que habían quedado revueltos y desparramados uno en cada punta. Las miradas, a cierta distancia. No tanta como la que nos esperaba.


Ulises y yo no éramos nada.


Pero igual reaccioné como pude. Me hice la tonta. Le pregunté unas cosas como si se fuera por diez días... Quizás eso hubiese querido... Que se fuera por diez días y que después volviéramos a vernos como si nada, en nuestra burbuja de la nada misma que éramos.


Mis ojos podían mentirle bien gracias a esa posición que seguíamos formando —impecables— mientras hablábamos de cómo iba a ser su nueva vida allá, como si fuera una charla de un día cualquiera.

Entre que casi no nos veíamos las expresiones, y la poca luz que entraba al cuarto desde el pasillo, yo podía hacer como que no me importaba.


Después de entrar en algunos detalles que no pude asimilar con lucidez, nos desarmamos y nos pusimos a limpiar mi sangre, porque justo mientras lo hacíamos me había venido con todo.

— ¿Vas a venir a Chile? —me preguntó mientras frotábamos las sábanas con quitamanchas.

—A trabajar me iría...

A visitar... no sé —le contesté sin saber bien qué contestar.

Y al segundo me arrepentí de esa respuesta tan torpe.

Es que tampoco entendí si lo dijo por decir algo para adornar el momento, para no hacerme sentir tan nula en su vida, o porque de verdad tenía ganas de que eso pudiera darse.

—El departamento es bastante grande, así que lugar hay —tanteó.

Tibio, improvisado, sin jugársela demasiado.

"Sí, obvio, si da, voy de una", es lo que hubiese querido responder.

Pero me quedé callada y me fui al baño.


Y ya sola ahí, me dieron ganas de llorar...


Abrí la puerta rápido para evitarlo. Me lo reprimí, sí. Más que nada para disimularlo.

"Si esto me está afectando, que no se note", me dije... 

"No podés llorar acá, Maia".


Como si tragándome el llanto pudiera frenar esa bomba que ya había detonado, tal como sus propias palabras:

—¿Te tiro la bomba ahora? —me había dicho unos segundos antes de contármelo.

—¿Renunciaste al trabajo? —le había preguntado yo, sin imaginar lo que estaba por escuchar.

Pensando que se trataba de otra cosa, que como mucho había aceptado otro que le habían ofrecido en Campana.


Y la tiró, nomás.


Como si no fuera algo que se dice con un telegrama de preaviso, con algo más de tacto y con más sutileza que la que puede tener un ordinario, común y corriente "Te lo cuento en persona", como el que me había anticipado hacía un par de días por WhatsApp.


Claramente, tan claramente, yo no tenía el lugar en su vida como para que él se diera cuenta de que —ahora yo— estaba por estallar. Tenía que tragármelo todo, todito, con la sal de cada lágrima y moco.


No podía, ni debía, demostrarle lo que me pasaba.


Y eso era ley.

Apenas una de las leyes de cuando dos (no) son nada.


sábado, 15 de enero de 2022

El diario del lunes ( Parte 2. "Bienpropia")

No te pierdas en lo incierto. 

Los sinfinales predecibles ya están escritos. No te hagas cargo de otros egos ni de sus egoísmos. Y si algo toca al tuyo, tu amor propio sabe; y puede distinguirlo y salvarte a tiempo. Si hasta está bien que tu ego se rompa un poco de vez en cuando... Hay cosas que sólo vienen a recordarte quién sos y qué querés en verdad. Y cuánto amor tenés para darte. Y para dar. 

La fantasía se paga con la melancolía del día después. Y la melancolía se salda con los pies en la tierra. Eso. Hacé pie en tu realidad, pisala fuerte, afirmate en ella, date unos pasos y bailate todo que eso también es vivir: bien adentro de lo que es y más afuera de lo que iba a ser, y muy lejos de cualquier deseo impostado y surrealista.

No esperes al diario del lunes. Conocete, sabete de memoria, grabate la lección porque alguna vez vas a tener que aprendértela. No juegues con el fuego de los ciclos. Lo cíclico quema después de algunas vueltas. No quieras quemarte tanto. Ya ardiste lo suficiente, ya sudaste esos infiernos. Enfriate un poco, que es súper necesario para volver a encenderte. Dale, que ya sabés de esos equilibrios. Ya malabareaste las inseguridades de otros. Vamos, que ya no te congelás ni te derretís así de fácil. Volvé a ser precisamente desde ese centro tibio -que si algo no sos es tibieza- y volvé a apasionarte. Que no haya huecos ni agujeros negros en tu próxima entrega. Que no se roben tus créditos. No te pierdas por nada ni por nadie. Ya estás todx en vos.

Así que agarrate fuerte y pegate un viaje, eso sí, por tu propia incertidumbre. Que de ahí sí que vas a sacarte buenx.

 

 

 

viernes, 1 de enero de 2021

Posición fetal

El balance es propio.

No es con otro ni con una situación.
Es de uno con uno.
Los reclamos no se hacen en la oficina de Dios, sino adentro del corazón.
Qué fue genuino y qué te malgastó.
Se trasciende desde la gratitud,
pero eso es una decisión.
Por mucho que grites al cielo, no hay un libro de quejas entre el Covid, el hambre, la contaminación.

Empezá el año empezando por vos.

Que si mirás adentro, todavía te tenés ahí.
Así que primero sentite,
y después pedite.
Que por más machaque que tengas, te vas a escuchar.
Y te vas a acomodar.
Aunque estés como inmóvil,
en posición fetal...
Es que sólo te estás preparando,
para nacer,
sí,
una vez más.

Y ojalá que en esta nueva vida, te saques la presión de que tu mundo no esté al revés; y que puedas andarlo y amarlo con lo que te dé. Y sobre todo, con lo que Es. 

sábado, 2 de febrero de 2019

Uñas

Lindo como uñas recién pintadas.

Y así, todo.

Tomate el tiempo,
fijate en los detalles,
elegí tus colores.

Tené paciencia,
que no te pese,
que sea con ganas.

Ponete música,
tomate unos mates,
mimate antes.

Y después andá,
salí,
hacé,
decí,
sentí.
Y lo que sea.

Pero que no sea (y que nada sea) como pintarte las uñas apurada. 

 

viernes, 1 de febrero de 2019

M-editar

Para meditar no tenés que “saber meditar”: podés empezar llevando tu atención a la respiración. Eso solo ya trae concentración y calma. Para meditar no tenés que tener la mente en blanco: si aparece un pensamiento, lo podés observar sin resistirte, reconocerlo como parte de ese momento presente y dejarlo ir, como si vieras un pájaro que pasa y sigue su vuelo... y si acaso vuelve, podés enfocar de nuevo tu atención en la respiración. Igual que si aparece algún ruido que te distrae. Lo podés incorporar a ese instante, soltando el deseo de controlar lo que sucede alrededor y seguir estando sólo ahí, siendo tu respiración, que es lo que sos. Eso que respira, Sos. Para meditar no tenés que hacerlo estrictamente en Posición de Loto: podés hacerlo en la que te resulte cómoda, incluso acostado (sólo que al principio no se recomienda porque te podés quedar dormido. De todos modos si eso sucede, no pasa nada y bienvenido, es lo que tenía que pasar). Para meditar no tenés que estar rodeado de velas, sahumerios y música acorde. Claro que preparar el ambiente ideal ayuda, pero sin eso también podés hacerlo. Para meditar no tenés que saber de mantras, mudras, sutras, ni de la ubicación de los chakras ni de técnicas. Hay cosas que podés ir incorporando con el tiempo así como podés ir nutriéndote de distintas herramientas, pero sin ellas también podés hacerlo. Para meditar no tenés que estar necesariamente un largo rato, 1 hora o 40 minutos. Podés empezar con 5 minutos diarios e ir agregando otros 5 y así, incluso podés meditar un rato a la mañana y otro a la noche, o sólo una vez al día y cada vez más hasta que lo vayas incorporando más que como esos ratos al día, como un estilo de vida y puedas estar continuamente o cuando así lo requieras, inmerso en un estado de meditación, aún sin estar meditando especialmente. Es importante recordar para no rendirse en el primer intento, que cualquier resistencia es del ego. Y que sólo al ir dejando de lado sus caprichos, vamos dándole permiso a la divinidad para manifestarse, y al Ser Divino que hay en uno. 

 

viernes, 12 de octubre de 2018

Después vemos

Y es que si la vida te lo regala, no lo arruines pensándolo.

Los buenos momentos también se construyen deshaciendo prejuicios, preconceptos y estructuras. Lo que da o no da, lo que es o no una locura, lo que nos hace o no felices; en definitiva lo decidimos nosotros mismos permitiéndonos vivirlo.

Después vemos.


 

 

lunes, 21 de mayo de 2018

El giro

Ante la duda, fijate cómo te hace sentir.

Lo que te enciende, lo que te apaga; lo que saca lo más lindo de vos, lo que saca lo no tan lindo; lo que te hace brillar, lo que te opaca. Todo está ahí por algo. A veces clarísimo y otras, lleno de vueltas. Y que algo siga o no en tu vida, tiene mucho que ver con cómo te vas sintiendo. Si ya no suma, si hace ruido, si incomoda, si agota tu energía más de lo que la activa es porque toca mover las fichas. Te pide un cambio. Avanzar o retroceder, mirar adelante o al costado... En fin, darle un giro. Que gire, pues. Y que ese giro, dependa de la calidad de tus sentimientos con respecto a eso. No hay mejor parámetro. Pensar no determina tanto como sentir. Pensar estira, dilata, hace chicle. Sentir define. Y la definición, hace a la decisión.

Eso de "Es por ahí"... Si te fijás en cómo te hace sentir, siempre está claro por dónde es.

miércoles, 3 de enero de 2018

Los pochoclos y la joggineta

Muchas veces, la única forma de avanzar con claridad es convertirnos en espectadores de nosotros mismos.

Como si nos sentáramos a ver nuestra propia película. Tirados, relajados. Con los pochoclos y la joggineta. Listos para mirarnos con atención. Igual que como cuando nos ponemos a ver nuestra serie favorita. Luces apagadas. Y que, de una vez, se nos haga la luz.

Lo que nos está pasando —y la manera en que lo vivimos o lo sobrevivimos, según nos toque o según podamos— lo dice todo. Personas, situaciones, vínculos: el elenco cambia, el guion no tanto.

Observarnos sí le va dando sus puntos de quiebre, y sus giros. Hasta que va cambiando la historia...

El proceso evolutivo es un trabajo silencioso, bien de adentro. Pero el afuera nos suele proyectar la parte que más nos atrapa: el mundo insiste en mostrarnos, una y otra vez, esas escenas donde evitamos poner el foco en nuestra verdad. 

Quizás el mejor plan sea rodar con ella.

Porque a eso también vinimos:

A encarnar la historia, a decirla con el cuerpo.

Y a rodar con veracidad.


Como en las buenas películas.


jueves, 17 de enero de 2013

¿No me das "una mano"?

A menudo veo en el subte nenes que piden limosna y que dan la mano antes a modo de saludo. A veces me quedo observando esta situación y noto que por lo general la gente colabora con el chico que pide; la verdad es que nunca alcanzo a ver cuántas monedas recibe, pero siempre puedo ver con claridad cuántas manos no le son dadas.

Está tan claro que en la sociedad se ve y se oye el desacuerdo y la indignación con aquel que los manda a pedir desde la vereda de su más vil miseria como que esto amerita análisis aparte. Quizás sea ésa una de las razones por las que hay quienes prefieren no "darles una mano", pero lo concreto es que también, colaboren o no, hay quienes prefieren no darles la mano. Y cada vez que veo eso, conceptos como desacuerdo e indignación vuelven a aparecer, de pronto parados en la vereda que segundos atrás parecía ser la de enfrente. Lo que parece, es que para pedir limosna se puede levantar la mano, pero no hay derecho a estrecharla. "Se pide y no se toca", dice el cartel en la frente de la mayoría de la gente (claro, muchos de estos chicos ni siquiera saben leer... ).

Qué ironía: el chico pide que le den "una mano" dando la mano y aún dándole "una mano" lo que menos le dan, es la mano. 

lunes, 31 de diciembre de 2012

Fin de año. Año nuevo.
Para algunos esta fecha es un antes y un después. Para otros es sólo un día más adentro de un calendario que se termina para dar comienzo a otro que no viene solo: el nuevo calendario siempre llega acompañado de promesas. Y así como promete, también espera. Promesas y esperanzas que marcan con redondeles fechas especiales y que sueñan con tachar con cruces misiones cumplidas.
Mi deseo es que cada uno pueda hacer su crucecita por encima de cada redondel, pero también que queden muchos días libres, días que no prometan, días que no esperen nada, días que simplemente nos inviten a fluir adentro de un nuevo calendario que no viene solo: ojalá este nuevo calendario esté lleno de sorpresas para todos!

sábado, 3 de marzo de 2012

Mi versión de "Perfidia" en la semana de la mujer (basada en la letra original)

Sugerencia: activar el siguiente enlace para acompañar la lectura http://www.youtube.com/watch?v=FgOWez2Q6rk&feature=fvst

Ellas comprenden lo que sufro yo,
tanto que ya ni puedo sollozar,
sola temblando de ansiedad estoy.
Ellos nunca lo entenderán

Mujer,
si puedes tú con Dios hablar,
pregúntale si Él alguna vez
se ha tenido que depilar

Y ni hablar
del hombre de nuestro corazón,
las veces que nos ha visto soportar
la perfidia de la menstruación

He buscado alivio a donde voy,
y no lo puedo hallar,
para qué quiero tus besos
si tus labios no me pueden calmar.

Y tú,
Que nunca lo experimentarás,
quién sabe qué dolores tendrás 
si lejos estás de parir,
de mí,
y de ser... MUJER!

martes, 14 de febrero de 2012

Amor para rato

El amor está de moda. Al menos lo está una vez al año. VALENTÍN lo consigue en cada febrero con su SANto marketing: publicidades que invitan a consumir amor; menúes de restaurantes que ofrecen degustar amor, saborear amor, comer amor; vidrieras de negocios que incitan a perfumar amor, a vestir amor, a comprar amor. 

Parece ser que el amor sobra en todos lados. Y que hay q festejarlo, de a dos, al menos un rato. En el día de los enamorados, o de los enamoratos.

¿Enamoratos de amor o enamorados de a ratos?

sábado, 31 de diciembre de 2011

Y llegamos al 2012. Sin autos voladores ni tele transportadores. Pero acá estamos. Adentro de esa ciencia ficción que se nos representaba allá por nuestra infancia, cuando pensar en años 2000 parecía inalcanzable. Y ya vamos por 12 más. Y por los que sigan. 
La ciencia es haber llegado. La ficción, es seguir imaginando realidades que parecen imposibles, intocables. Inalcanzables, como los años 2000. Pero teniendo la certeza de que todo eso que hoy esperamos, si lo deseamos, también va a llegar. Mañana. Pronto. Algún día. Siempre y cuando por alguna razón, tonta o no, sigamos creyéndolo. Siempre. Y cuando sepamos que ya existe.

viernes, 18 de noviembre de 2011

CAPRICHOS APILADOS

Dejar morir para nacer de nuevo…

Soltar, escupir, vomitar. Pedazos de angustia coagulada. Exprimida. Licuada.

Un corazón que es herido sufre; un corazón que hiere sufre más.

Un corazón que hiere no olvida jamás.

No logra saciar de ningún modo el hambre de sus desaciertos.

Acumula vacíos, absurdos o no, y caprichos apilados en algún rincón.

Y ahí cerca, muy cerca, el espacio se llena con delirios sin tregua.

Ilusiones tardías y desordenadas. Ya no hay bálsamo para acondicionarlas.

Muchas quedan eternamente a cuestas —aún sin saber—, disipadas en una o en tantas despedidas, en eso que ese corazón que hiere puede pronunciar infinita cantidad de veces, pero nunca soportar definitivamente: “Adiós”.

…Y hasta la próxima vida.

(IN)QUIETA

Duele fuerte. Duele silencioso. Y, a veces, quieto.
Ya no hay aturdimientos.

El eco de la música que suena acarrea algún recuerdo, vagabundo, en un tiempo que tampoco perdona lo que uno no puede perdonarse a sí mismo. Ni decirle al otro eso que nunca se ha dicho.

Errores. Uno, dos, tres, mil.

Oportunidades negadas que divagan.
La necedad bien sabe coquetear con el rigor.

Jamás concretan nada, más que alguna cachetada. Por ese juego. Por tanto fuego.

El ímpetu lo arranca todo.

Nada queda. Acaso, un manto de dudas —quietas, inquietas—:

“¿Qué será?”
“¿Qué fue?”
“¿Qué pasó que no fue?”

Un trauma. Una ficción.

El no amor en el amor es pura rebeldía. Una rebeldía casi inherente a un corazón que se vulnera incluso cuando él mismo se desobedece. Que quiere ser más dócil. Que aún no puede, pese al castigo que pesa: aire que se corta con los cuchillos de la indiferencia, sangre que derrama incomprensión. Además de mucho, pero mucho, desamor.

Y el dolor que ya no aturde, pero que sigue doliendo.

Fuerte. Silencioso. Y, a veces, inquieto.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Siempre viviste en mí

Después de tres días de agonía a causa de un horribilísimo accidente, él nos dejó. Pienso que no quería irse, pero no tuvo opción.

Mamá estaba sentada al borde de la cama. Lloraba. Mis siete años intentaban entender qué estaba pasando y sospechaban que no era nada bueno porque recordaban la escena de tres días atrás, cuando una tía había entrado a los gritos a casa para hacernos saber lo que había sucedido.

En esa época no teníamos teléfono, por eso creo que la manera de enterarme fue más traumática aún. Si no, seguramente hubiera sido diferente: mamá nos habría sentado a mi hermana y a mí cuando considerara que fuera conveniente y nos habría explicado lo inexplicable, o lo inentendible, más aún para esas nenas que éramos, de siete y diez años.

Pero después de ver y oír el eco del horror, sólo atinamos a encerrarnos en el baño y expresar lo que pudimos en ese momento:

—Pobre mami —dijo una.

—Y pobre el abuelito —dijo la otra.

Entiendo que, de algún modo, la psiquis de una tuvo la fuerza suficiente como para ponerse del lado de lo que quedaba, mientras que la de la otra —la otra era yo— pudo, más débilmente, aferrarse desde entonces, eternamente, a lo que se iba.

A él, que se iba.

Que se fue para siempre.

Que no lo vi más.

Que no pude verlo ni siquiera en esos días.

Que ni siquiera recuerdo cuál de todos mis recuerdos corresponde al de la última vez que lo vi; si es que, de la última vez, guardo el recuerdo…

Pero ahora no quiero ahondar en eso. Lo que marcó esa tragedia en mi existencia, evidentemente, es otro tema. Sólo voy a reducirlo a lo que iba a contar al comienzo, a eso que cambió para siempre cuando entré a la habitación de mi mamá y me animé a preguntarle:

—¿Qué pasa?

—El abuelito no está más.

Mucho después supe con certeza que ese día, sin entender nada de la muerte, empecé a entender algo de la vida.

Cuando terminé de escribir esto, pensé en lo lindo que sería tener una señal para saber si él seguía estando conmigo.

Unas horas después, su bufanda —que estaba guardada en un placard de casa hacía años— apareció en mi cuarto, arriba de mi cama.

Le pregunté a mi hija si ella la había llevado. Primero respondió que no y, un poco después, que sí.
Cuando le pregunté por qué, me dijo:

—No sé, mami. La llevé porque sí. No tengo idea por qué… Yo nada más la vi y la llevé a tu cama, pero no sé por qué.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Yo NO quiero tener un millón de amigos


¡¿Cómo es que de repente se: que Samanta va a tener su tercer hijo; que Lucía recién va por el primero (y que tiene antojo de sandía y de fideos con queso); que Guillermo no va al baño hace 3 días; que la hija de Cristina vomitó la noche entera; que Santiago está contento porque tiene una PyME en el centro (¿quién es Santiago?, por cierto); que Antonella está tomando un Capuchino, que ya está un poco frío; que a Pablo le robaron en el subte; que operaron al perro de Julieta; que Agustina se levantó con el pie izquierdo y tuvo un día que mejor ni te cuenta; que Martín se cortó el pelo (y le queda bien, por lo que veo); que mañana cumple años el ahijado de la amiga de Teresa (que a propósito, ¿¿a quién le interesa??); que Carlita tiene novio y hasta está comprometida; que Eugenia hace 6 lunes que empieza la dieta; que Mariana tiene insomnio y está haciendo sentadillas; que Roberto -al fin- se puso tetas?!...
¡¿Cómo es que de repente se todo eso, y más, más, mucho más?! ¡¿Cómo es que de repente no sólo lo leo sino que, casi todo, también lo veo?!
¡¿Cómo es que también saben tanto de mí?, ¿cuándo y cómo fue que nos caímos todos juntos adentro de la misma red?!

Autorretratos y retratos instantáneos o añejos (como los de la mismísima pizza que estamos comiendo, o como aquellos de los actos del colegio), dibujos de hijos y sobrinos, frases del día, proverbios chinos, videos y canciones, sensaciones con emoticones, notas de diarios y revistas, e incluso ecografías y planos de departamentos, son tan sólo algunas de las cosas que compartimos todo el tiempo. 
Mientras tanto, nos mandamos besos, abrazos y sonrisas; nos alentamos poniendo "me gusta" y hacemos cadenas de oración para que se invente el "no me gusta"; nos angustiamos cuando no nos hacen comentarios - y sí, por mínimo que sea, algo esperamos- en la actualización de nuestro estado, ése que dice mucho más que lo que estamos pensando; nos aprobamos o desaprobamos (cuando no nos espantamos) ante nuestra imagen cuando nos "etiquetan" -y con eso sólo ya hacemos acto de presencia-, y a veces hasta nos indignamos al ver nuestro nombre "etiquetado" en la foto de algún producto que se ofrece a la venta. Y nos decimos que nos extrañamos, que pronto nos reencontraremos -con la esperanza de que nos reconoceremos- o, también, que pronto nos conoceremos...

Así es como nos vamos acostumbrando a esto de ser comunicadores sociales del minuto a minuto de nuestras vidas y, en consecuencia, involuntarios medidores del rating de nuestros pensamientos, enlaces, y fotografías.  

Curiosos, morbosos, aburridos. Aduladores de algunos, criticones de muchos, apologistas de menos. Coleccionistas de seres reales aunque no menos virtuales (familiares, amistades y ex compañeros así como reconocidos y desconocidos conocidos) que conviven en un listado a modo de "amigos"... Cada vez somos más los que solos o acompañados, los que todo el tiempo o de a ratos, nos entrometemos en nuestros hogares, viajes y trabajos; y los que seguiremos haciéndolo, siempre y cuando, no nos saturemos de mirar a otros aunque tengamos permiso ni nos sobrepasemos de exponernos aunque lo hagamos sin complejos. Por las dudas, seamos prudentes y estemos alertas: no sea cosa que, cuando nos queramos dar cuenta, ¡todos nos hayamos convertido en voyeuristas y hasta en exhibicionistas!

Antes de llegar a eso, al menos tengamos configurados los marcos de nuestra privacidad, si es que aún algo nos queda, y revisemos las listas de personas que agregamos o que nos agregan (da igual) a esta extraña herramienta -propia de esta era de infinitas ventanas que a asomarnos, y a atravesarlas, nos invitan- a la que han dado en llamar FACEBOOK. Y aprovechemos que también puede darnos un sabio consejo a la hora de analizar a quienes haya que aceptar, conservar, o eliminar de nuestro entorno de mirones y mirados: cosechar la amistad es muy bueno, pero mejor es recordar a la hora de hacerlo que no siempre hace falta tener un millón de amigos... "y así a más gente poder espiar".


domingo, 13 de noviembre de 2011

"De uñas rojas y de Papá Noel"

Me pinto la última uña y mi hija me mira con cara de que quiere hacerme una pregunta, cosa que me viene como anillo al dedo para quedarme un rato sentada y quieta, y no ponerme a hacer una de esas cosas que una siempre tiene que hacer justo cuando termina de pintarse las uñas, una de esas cosas que terminan despintándolas:

-Mami, tengo que hablarte de algo. Mi prima me dijo que Papá Noel no existe, ¿es cierto?

Pensándolo bien, no es un buen momento para ponerle anillos al dedo... Prefiero despintarme las uñas con otra de esas cosas que terminan haciéndolo. Le respondo con otra pregunta, sólo para ganar un poco de tiempo:

-Mmm... Este... Mjmjm... Tizi, ¿¿quién te dijo eso??

-Ya te dije, mi prima, Jose.

-¿Y a ella quién se lo dijo?

-El primo...

-Ah, mira vos... -Me hago la tonta, pero creo que se me nota, tanto, que se da cuenta- ¿Y cuántos años tiene el primo?

-Tiene 10. Mami, ¿es verdad o no?

-¿Se lo preguntaste a tu papá?, ¿qué te dijo él? -Sigo así, como quien no quiere la cosa, y deseando para adentro que se lo haya preguntado.

-¡No, mami! ¡Por eso te lo estoy preguntando a vos! ¿Existe o no? -y atando cabos, redobla la insistencia- ¿Y los Reyes Magos? ¿Y el Ratón Pérez?

“¡Ayuda! ¡Socorro! ¡Auxilio!”, casi exclamo pero pienso. 

“¿Qué le digo? ¿Qué le digo?”

Sabía que este día iba a llegar; de hecho, creo haberme preparado para este momento (claro, si siempre supe que me tomaría por sorpresa..., ¡si hasta había practicado una respuesta!... porque también sabía que cuando llegara, le diría la verdad). Es hora de blanquearle todo..., pero lo que está en blanco es mi mente; y yo, que siempre creí que enfrentaría este momento con absoluta liviandad, de pronto, no sé qué decir... El S.O.S ya lo pedí y nadie acudió (cierto que lo dije para adentro...); de ésta no me salva ni mi hada madrina que, a propósito, mejor ni mencionarla...

¡¿En qué parte del manual de cómo ser mamá se explica cómo enfrentar a esta gran verdad?!

Miro para abajo, para arriba..., y la miro de reojo; sólo la miro para comprobar si sigue estando ahí, a la espera. Y se me escapa una sonrisa, nerviosa, delatora, indecisa.

Y ahí sigue firme, ella, con sus ojos clavados en los míos. Ni una mirada hacia arriba o hacia abajo. Ni una mirada hacia el costado. Ahí sigue, ansiosa, esperando su respuesta. Inocente pero, esta vez, incrédula.  

La siento a upa -en las charlas especiales, me gusta tenerla sobre mis rodillas- olvidando que mis uñas todavía no están del todo secas, y ya estoy lista, y fluye una hermosa charla, en la que casi no hacen falta las palabras de mi charla imaginaria. Con sólo mirarla a los ojos y ya no de reojo, me doy cuenta de que ella, en el fondo, ya sabía la respuesta.


Sólo le hacía falta que yo se la dijera.

-Mami, otra cosita...

Mi corazón se paraliza. Cuento hasta 3, tomo aire, suspiro... "¿Y ahora qué me espera?". Una vez más, trato de disimular mis nervios:

-Sí, mi vida, decime... -Y trago saliva.

-¡Te queda re lindo ese color de esmalte! ¿Me pintás?

sábado, 12 de noviembre de 2011

enTABLAdos

La lucha de poderes comienza en la tabla del inodoro, pero ésa, es apenas una tan ínfima como íntima parte de una guerra que no tiene fin.
 
El asunto de la tabla es una lucha que se extiende hasta lo que dure la relación de pareja de un hombre y una mujer que se disponen a “entablar” un camino en común.
Si en el pequeño cuadrilátero de las necesidades se desata tal adversidad, ¿qué otra cosa que problemas puede esperarse que suceda más allá?
Él va al baño y la deja levantada; ella va al baño y la baja. Cada vez que ella vuelve al baño y la encuentra levantada, con hartazgo la vuelve a bajar; en cambio él, bastante más indiferente, la vuelve a levantar.
Ninguno se la deja al otro como el otro la necesita porque, cada uno, quiere tener el poder.

¿Son las relaciones, entonces, tablas de inodoros que suben y bajan defendiendo lo que cada “sexo” necesita?

DESEO REPRIMIDO

Deseo reprimido es encontrar un correo recontra deseado en la bandeja del correo no deseado...

CONTRADICCIONES EN LAS PREDICCIONES

No me coinciden los Horóscopos de Clarín y La Nación. ¡¿A cuál le hago caso?! ¿No deberían predecir lo mismo?

Tan corto el amor y tan largo el vestido

Los vestidos de novia tienen colas interminables. Wow! Y pensar que a veces "es tan corto el amor y es tan largo el vestido... "

Mariposas en la panza

Si de amor se trata, arrancamos mal predispuestos con eso de "mariposas en la panza" teniendo en cuenta que el tiempo de vida promedio es de 1 mes!

El amor en los tiempos del lavarropas

El amor es como ese sweater suave, fino y delicado que tanto cuidás lavando a mano... Hasta que un día sin darte cuenta lo estás sacando del lavarropas.

Sueño recurrente

Tengo un sueño recurrente. Todos los días a la misma hora me agarra un sueño... recurrente.

Que nunca falte

Es tan cierto eso de que el amor salva vidas como eso de que con amor sólo a veces no alcanza... También hay que tener siempre una lata de atún en la heladera.

Me pinchaste el globo, aguafiestas!

Cumpleaños de cumpleañero que cumple el sábado por ej., pero lo festeja el viernes a la noche:

-Feliz cumple!!
-No! Todavía no me digas feliz cumple!
-Ok, toma el regalo!
- No, no!! Todavía no me lo des!!
- Ok... Me voy y vuelvo después de las 12, te parece? O metete adentro de la torta hasta esa hora, querés? O no se querido, festejalo mañana y listo!!!

Marca registrada

Hay muchísimos productos marca "Coto", "Día", "Jumbo". ¿Y para cuándo los productos marca "Chino"?

FALTA DE CÓDIGOS.

Me molesta que el chino en el ticket me ponga "almacén". Eso sí que es falta códigos. Literal. Igual, lo banco. Para mí que lo hace en venganza a la no distinción entre el chino, el coreano, el japonés...

Equilibrio alimenticio

Mitad delivery, mitad cocino... Eso sí que es equilibrio alimenticio.

Cebolla reAhogada.

Debería decirse reahogar en lugar de rehogar. Bah qué se yo, será porque a mí la cebolla me sale re ahogada en el aceite. Bueno, creo que yo siempre pensé que se decía reahogar... Quizás por eso me sale así, inconscientemente.

Acá hay algo que no me cierra

La conjugación del verbo errar tiene que estar errada de lo mal que suena. Ej.: él yerra. Quizás la yerro, pero acá hay algo que no me yerra...

Palabras (des)compuestas

Qué rara es la palabra compuesta nomeolvides! Su significado no es lo que parece como xej. el de la palabra sabelotodo que sí lo es... Nomeolvides es una pulsera o una planta.
Si todas las palabras fuesen compuestas como esas o como ante-ojos, para-brisas, abre-latas, rompe-cabezas, el lenguaje sonaría medio extra-terrestre.
Paracaídas es una palabra compuesta que no me convence. Si bien entiendo que su significado es correcto, como que me cerraría más el término "paranocaídas".
Después están las palabras con mensaje subliminal, como x ej.: EnemiGO.

Aquí y a-hora

La mejor hora del día es ésa que se te pasa sin mirar el reloj para ver la hora. Eso sí que es vivir el aquí y a-hora.

Seguro que no.

"Y en caso de que -Dios no lo permita- Ud. fallezca, su familia contará con..." por teléfono ofreciéndome un seguro. Con esa bienvenida seguro que no lo quiero, gracias.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

DULCE AMOR

Sí que nos complementamos... sobre todo cuando él se come lo de afuera del bon o bon, y yo el relleno.

enREDados

Con tantas redes sociales, habría que reveer la expresión de "tener conexión" con alguien.

lunes, 24 de octubre de 2011

Hoy por tí, mañana por mí

Dicen que todo lo que uno da, vuelve multiplicado... voy a regalar consoladores, así me vuelvo multiorgásmica.

Tom(e)ar 2 lts.de agua

Tomar 2 lts. de agua por día sirve, especialmente, para conocer todos los baños públicos de la ciudad.

Hagamos un cangurito!

No entiendo por qué cuando vamos a juntar plata para hacer un regalo por ejemplo, decimos que vamos a hacer una "vaquita". Deberíamos hacer un "cangurito"... que al menos tiene bolsillo.

Borrón... y cuenta nueva!

Borré todos los mails de mi cuenta y quedó como nueva. Eso sí que es "borrón y cuenta nueva".

Sólo se trata de vivir

Vivir intensamente, no tensa-mente...

Doy una vueltita y vuelvo...

Madurar es dejar de comprarte algo (que en realidad no te convence) sólo por la mirada amenazante del dueño del negocio o del vendedor.

DeciSIoNO

Tomar decisiones no nos resulta nada fácil a veces. Pero cuando la decisión es tomarlas, entendemos que tampoco nos resulta tan difícil.

domingo, 23 de octubre de 2011

Me lo podrías repetir?

Si me dicen mi número de teléfono distinto a como yo lo digo, me atrofio. El mundo se divide en los que lo dicen de a unidades y los que lo dicen de a decenas.

"Cosas" de mujeres

Peor que perder la cartera, es perderse una dentro de ella!

Híbrido

No entiendo las bermudas de corderoy; me parecen una contradicción. Nada, eso.

Regla de 3 simple

Todo es más simple cuando entendemos lo simple que es todo. Así de simple.