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domingo, 13 de noviembre de 2011

"De uñas rojas y de Papá Noel"

Me pinto la última uña y mi hija me mira con cara de que quiere hacerme una pregunta, cosa que me viene como anillo al dedo para quedarme un rato sentada y quieta, y no ponerme a hacer una de esas cosas que una siempre tiene que hacer justo cuando termina de pintarse las uñas, una de esas cosas que terminan despintándolas:

-Mami, tengo que hablarte de algo. Mi prima me dijo que Papá Noel no existe, ¿es cierto?

Pensándolo bien, no es un buen momento para ponerle anillos al dedo... Prefiero despintarme las uñas con otra de esas cosas que terminan haciéndolo. Le respondo con otra pregunta, sólo para ganar un poco de tiempo:

-Mmm... Este... Mjmjm... Tizi, ¿¿quién te dijo eso??

-Ya te dije, mi prima, Jose.

-¿Y a ella quién se lo dijo?

-El primo...

-Ah, mira vos... -Me hago la tonta, pero creo que se me nota, tanto, que se da cuenta- ¿Y cuántos años tiene el primo?

-Tiene 10. Mami, ¿es verdad o no?

-¿Se lo preguntaste a tu papá?, ¿qué te dijo él? -Sigo así, como quien no quiere la cosa, y deseando para adentro que se lo haya preguntado.

-¡No, mami! ¡Por eso te lo estoy preguntando a vos! ¿Existe o no? -y atando cabos, redobla la insistencia- ¿Y los Reyes Magos? ¿Y el Ratón Pérez?

“¡Ayuda! ¡Socorro! ¡Auxilio!”, casi exclamo pero pienso. 

“¿Qué le digo? ¿Qué le digo?”

Sabía que este día iba a llegar; de hecho, creo haberme preparado para este momento (claro, si siempre supe que me tomaría por sorpresa..., ¡si hasta había practicado una respuesta!... porque también sabía que cuando llegara, le diría la verdad). Es hora de blanquearle todo..., pero lo que está en blanco es mi mente; y yo, que siempre creí que enfrentaría este momento con absoluta liviandad, de pronto, no sé qué decir... El S.O.S ya lo pedí y nadie acudió (cierto que lo dije para adentro...); de ésta no me salva ni mi hada madrina que, a propósito, mejor ni mencionarla...

¡¿En qué parte del manual de cómo ser mamá se explica cómo enfrentar a esta gran verdad?!

Miro para abajo, para arriba..., y la miro de reojo; sólo la miro para comprobar si sigue estando ahí, a la espera. Y se me escapa una sonrisa, nerviosa, delatora, indecisa.

Y ahí sigue firme, ella, con sus ojos clavados en los míos. Ni una mirada hacia arriba o hacia abajo. Ni una mirada hacia el costado. Ahí sigue, ansiosa, esperando su respuesta. Inocente pero, esta vez, incrédula.  

La siento a upa -en las charlas especiales, me gusta tenerla sobre mis rodillas- olvidando que mis uñas todavía no están del todo secas, y ya estoy lista, y fluye una hermosa charla, en la que casi no hacen falta las palabras de mi charla imaginaria. Con sólo mirarla a los ojos y ya no de reojo, me doy cuenta de que ella, en el fondo, ya sabía la respuesta.


Sólo le hacía falta que yo se la dijera.

-Mami, otra cosita...

Mi corazón se paraliza. Cuento hasta 3, tomo aire, suspiro... "¿Y ahora qué me espera?". Una vez más, trato de disimular mis nervios:

-Sí, mi vida, decime... -Y trago saliva.

-¡Te queda re lindo ese color de esmalte! ¿Me pintás?

lunes, 22 de agosto de 2011

Cambio de roles

Mientras yo me como los helados de Hello Kitty de mi hija, ella habla por teléfono con sus amigas y me dice: andá allá, son conversaciones privadas".

domingo, 21 de agosto de 2011

Efecto sorpresa

Si algo admiro de los niños, es la capacidad que tienen para sorprenderse con mucho de aquello que los grandes ya nos hemos olvidado hace tiempo... ¡Feliz día a ellos! Especialmente a mi hija, que me recuerda cada día, muchas de esas cosas que nos encuentran distraídos con otras a medida que vamos creciendo.

lunes, 8 de agosto de 2011

Mi mamá me ANIMA

Me cuesta entender -y eso que soy mamá- a esas madres que ya desde la panza les hablan a los hijos como animadoras infantiles.

lunes, 1 de agosto de 2011

8 AGOSTOS ( y éste, que recién estamos comenzando...)

Agosto me hace cosquillas en la panza... Y cuenta conmigo cada año que pasa repleto del más puro amor. ¡Se vienen los 8 años de mi hija!

domingo, 17 de julio de 2011

Dar el ejemplo

No hay mayor contradicción que la que siento al pensar que estoy educando bien a mi hija cuando me reta porque mi cuarto está desordenado.