Dejar morir para nacer de nuevo…
Soltar, escupir, vomitar. Pedazos de angustia coagulada. Exprimida. Licuada.
Un corazón que es herido sufre; un corazón que hiere sufre más.
Un corazón que hiere no olvida jamás.
No logra saciar de ningún modo el hambre de sus desaciertos.
Acumula vacíos, absurdos o no, y caprichos apilados en algún rincón.
Y ahí cerca, muy cerca, el espacio se llena con delirios sin tregua.
Ilusiones tardías y desordenadas. Ya no hay bálsamo para acondicionarlas.
Muchas quedan eternamente a cuestas —aún sin saber—, disipadas en una o en tantas despedidas, en eso que ese corazón que hiere puede pronunciar infinita cantidad de veces, pero nunca soportar definitivamente: “Adiós”.
…Y hasta la próxima vida.
4 comentarios:
Muy bueno, Mel!
Muchas gracias por leer :)
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Critícame esto si queres. Gracias
En una inevitable y traicionera brisa que acarició con descaro irreverente mi rostro, te sentí.
En la ceguera del rayo de sol que prepotente me sorprende de repente, te vi.
Porque libre, dulce y apacible la brisa que me roza en su camino te nombra y en absoluto punto ciego de un sol traicionero que cierra en un segundo mis ojos solo a vos te veo. FGR
emrfaus@icloud.com
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