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lunes, 14 de noviembre de 2011

Yo NO quiero tener un millón de amigos


¡¿Cómo es que de repente se: que Samanta va a tener su tercer hijo; que Lucía recién va por el primero (y que tiene antojo de sandía y de fideos con queso); que Guillermo no va al baño hace 3 días; que la hija de Cristina vomitó la noche entera; que Santiago está contento porque tiene una PyME en el centro (¿quién es Santiago?, por cierto); que Antonella está tomando un Capuchino, que ya está un poco frío; que a Pablo le robaron en el subte; que operaron al perro de Julieta; que Agustina se levantó con el pie izquierdo y tuvo un día que mejor ni te cuenta; que Martín se cortó el pelo (y le queda bien, por lo que veo); que mañana cumple años el ahijado de la amiga de Teresa (que a propósito, ¿¿a quién le interesa??); que Carlita tiene novio y hasta está comprometida; que Eugenia hace 6 lunes que empieza la dieta; que Mariana tiene insomnio y está haciendo sentadillas; que Roberto -al fin- se puso tetas?!...
¡¿Cómo es que de repente se todo eso, y más, más, mucho más?! ¡¿Cómo es que de repente no sólo lo leo sino que, casi todo, también lo veo?!
¡¿Cómo es que también saben tanto de mí?, ¿cuándo y cómo fue que nos caímos todos juntos adentro de la misma red?!

Autorretratos y retratos instantáneos o añejos (como los de la mismísima pizza que estamos comiendo, o como aquellos de los actos del colegio), dibujos de hijos y sobrinos, frases del día, proverbios chinos, videos y canciones, sensaciones con emoticones, notas de diarios y revistas, e incluso ecografías y planos de departamentos, son tan sólo algunas de las cosas que compartimos todo el tiempo. 
Mientras tanto, nos mandamos besos, abrazos y sonrisas; nos alentamos poniendo "me gusta" y hacemos cadenas de oración para que se invente el "no me gusta"; nos angustiamos cuando no nos hacen comentarios - y sí, por mínimo que sea, algo esperamos- en la actualización de nuestro estado, ése que dice mucho más que lo que estamos pensando; nos aprobamos o desaprobamos (cuando no nos espantamos) ante nuestra imagen cuando nos "etiquetan" -y con eso sólo ya hacemos acto de presencia-, y a veces hasta nos indignamos al ver nuestro nombre "etiquetado" en la foto de algún producto que se ofrece a la venta. Y nos decimos que nos extrañamos, que pronto nos reencontraremos -con la esperanza de que nos reconoceremos- o, también, que pronto nos conoceremos...

Así es como nos vamos acostumbrando a esto de ser comunicadores sociales del minuto a minuto de nuestras vidas y, en consecuencia, involuntarios medidores del rating de nuestros pensamientos, enlaces, y fotografías.  

Curiosos, morbosos, aburridos. Aduladores de algunos, criticones de muchos, apologistas de menos. Coleccionistas de seres reales aunque no menos virtuales (familiares, amistades y ex compañeros así como reconocidos y desconocidos conocidos) que conviven en un listado a modo de "amigos"... Cada vez somos más los que solos o acompañados, los que todo el tiempo o de a ratos, nos entrometemos en nuestros hogares, viajes y trabajos; y los que seguiremos haciéndolo, siempre y cuando, no nos saturemos de mirar a otros aunque tengamos permiso ni nos sobrepasemos de exponernos aunque lo hagamos sin complejos. Por las dudas, seamos prudentes y estemos alertas: no sea cosa que, cuando nos queramos dar cuenta, ¡todos nos hayamos convertido en voyeuristas y hasta en exhibicionistas!

Antes de llegar a eso, al menos tengamos configurados los marcos de nuestra privacidad, si es que aún algo nos queda, y revisemos las listas de personas que agregamos o que nos agregan (da igual) a esta extraña herramienta -propia de esta era de infinitas ventanas que a asomarnos, y a atravesarlas, nos invitan- a la que han dado en llamar FACEBOOK. Y aprovechemos que también puede darnos un sabio consejo a la hora de analizar a quienes haya que aceptar, conservar, o eliminar de nuestro entorno de mirones y mirados: cosechar la amistad es muy bueno, pero mejor es recordar a la hora de hacerlo que no siempre hace falta tener un millón de amigos... "y así a más gente poder espiar".