La calle huele a prisa. La prisa,
a sinsabor. Los pasos apurados de la prisa sin sabor, arrastran indiferencia
barata y sin intereses en la cuota de apuro de cada día, como si el mejor
negocio fuera la monotonía.
El andar de la g(ente) está
perdiendo sus matices, al andar perdido entre la g(ente)...
... Y repiquetean esos pasos
monocordes que huyen sin huir; quizá intentando fugarse al son de alguna
irrealidad.