Una verdad puede ser absoluta pero según cada experiencia ¿se convierte en relativa? ¿O lo relativo es sólo la experiencia que deduce una verdad absoluta de ella?
Algunas veces, en el reflejo de la mirada de otro o de la nuestra, encontraremos verdades, absolutas o relativas, que caminarán a la par de nuestra experiencia. Otras veces, seguiremos buscándolas o creando nuevos interrogantes a medida que avancemos en la inagotable carrera de encontrar otra verdad, ni absoluta ni relativa, sino propia; y de querer lograr lo que nos proponemos dejando atrás lo que nos ha dolido, para tocar el cielo de nuestros objetivos y para lo cual no podremos ser siempre, justamente, objetivos; ni tampoco completamente subjetivos... Por eso, será nuestra objetividad precisamente, o tal vez nuestra subjetividad -según cómo lo veamos-, o por qué no, nuestra verdad al fin, la que nos ponga los puntos en la autocrítica, la que nos ayude a ver más allá de lo que miramos y la que colabore para cumplir el deseo de llegar a la meta verdadera, absoluta, relativa. Y celestial.
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